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Terra
La Coctelera

Y llegó el jueves...

Lo estábamos esperando y el jueves por la noche hicimos con S la primera GH pijama campus party. A pesar de la infernal agenda del día, a las 22 15 estábamos cómodamente frente al televisor con el catering chino 2 personas de Ciudad feliz.

Unas cuantas horas de intensidad. Momentos en la casa que podrían rozar cualquier género de la ficción y más información para perfilar a los personajes.Y muchísimas conclusiones, frases, análisis dignos de twittear. Definitivamente ,I have to twitt!

¿Qué hacías ese día?

Todos recordamos donde estábamos el 11 de septiembre de 2001. Para los de nuestra generación es el equivalente al día que llegó el hombre a la luna. Desde el momento que cayeron las torres y que nos dimos cuenta que no se trataba de una broma mediática al estilo "Guerra de los Mundo", el plante a se hizo más paranoico, más inseguro, más prejuicioso y más vulnerable para todos.

Yo había quedado con mi hermana para celebrar si cumpleaños.Más tarde,estaba de camino al Aeropuerto para ir a un viaje de trabajo a Irlanda. Obviamente el viaje se suspendió. Y todavía no he ido a Irlanda.

Rare Scenes from 9/11, un ensayo fotográfico de Vanity Fair, recoge una serie de fotografías tomadas en manhathan conperspectivas diferentes de lo que estaba pasando.

Big Adict

La noche del domingo me enganché a Gran Hermano 9 y hoy, comiendo con S, L y R no paramos de destripar a los personajes clave que rizarán el rizo en la madre del cordero de todos los realities. No perdimos la oportunidad de hacer una repaso a todos y cada uno de los subproductos televisivos nacidos a la sombra del Big Brother en los siete años.

Y esta noche de lunes ha sido escesiva. Internet, la tele, el fijo, los SMS...todo a la vez! Luego, visionado con E de expulsión y nominaciones de Supermodelo 2007. Ya hemos formado un club de poliadictos televisivos.

Guardapolvo cuadrillé

Con el aluvión publicitario de la "vuelta al cole" acabo de acordarme de ese primer día de escuela, que he tenido presente muchas veces y del que tengo recuerdos muy claros. Era en marzo del 77, en el otro lado del hemisferio. Argentina pasaba por la época más negra de la dictadura militar, la más oscura de la historia reciente en la que, a los miles de desaparecidos se sumaba la lista de niños nacidos en cautividad y entregados a las familias de sus verdugos.

Pero mis recuerdos son luminosos, como todos los de la infancia que tuve la suerte de vivir. Me acuerdo del momento en que entré por la puerta del Jardín de Infantes de la mano de mi mamá. Los preparativos llevaron seguramente semanas, midiéndome el guardapolvo cuadrillé celeste, la bolsa de la misma tela y la corbata azul. La bolsa y la corbata tenían bordado mi nombre, escritos por mi padrino, el miembro de la familia con la mejor caligrafía que he visto en toda mi niñez.

Todos estábamos con nuestras madres, en medio del revuelo y mucho bullicio. Y llegó el momento de pasar a mi primera clase, con mi maestra Laura. Me acuerdo de algunos berridos, unos cuantos llantos. Yo no lloré, estaba fascinado con la nueva experiencia y con que ya iría a la escuela. Tenía cuatro años y si en esa época existían por allí las guarderías previas a la escolarización, yo no las conocía. Y de esos flashbacks recuerdo a un compañero que gritó y gritó toda la mañana e intentó escapar por la ventana. Recuerdo quien era y que en su ataque de deseperación destrozó la merienda que había traido: unos sandwiches de galletitas Express con dulce de leche.

Al volver a casa, mi papá me preguntó si había extrañado y le dije que no, estar fuera de casa me había gustado. Y creo que ese día también me sorprendí a mi mismo.

Fecha de caducidad

Con los años, las experiencias acumuladas y la inevitable pérdida de la ilusión, uno se da cuenta que prácticamente todas las relaciones humanas tienen fecha de caducidad. Es ley de vida y el asumirlo hasta tranquiliza.

En cuestiones de pareja, el tema está claro. El amor y la pasión duran lo que tienen que durar. No hay recetas, ni remedios que lo impidan.

Para todo el abanico de relaciones afectivas que no dependen de la sangre y que son generalmente las que nos ayuda a estar vivos y sobrevivir,el tema es igual. El fervor adolescente nos ha hecho creer que hay amigos for ever and ever...Pero la madurez, o al menos su intento, deja ver que cada uno somos un universdo único y de cambio inevitable. Y si hay amigos que siguen estando cerca y nosotros de ellos es porque gran parte de esos cambios se hacen juntos y si no es así, la relación se cuida con el respecto, se alimenta, se trabaja de forma natural para continuar la cercanía. La fecha de caducidad se renueva por otra, y el reto sigue, hasta que deje de ser necesario. Economía emocional pura y dura.

"Distinta es la sangre", decíamos la noche del viernes con M en un bar. Quizás porque es el lazo que creemos tener grabado de forma genética. O eso es lo que elegimos sentir, o por lo que aguantamos abismos de diferencias con quienes te han marcado como familia.

El origen del amor

Supe de Hedwig and the Angry Inch, la ópera rock punk y primera película de John Cameron Mitchell, hace muchos años. Pero no llegué a verla hasta hace unos meses, por la cadena de causalidades con las que solemos toparnos con casi todo. Tras la historia de los personajes y los creadores, la forma de la narración, la estética y sus canciones se quedan muchas más cosas que el DVD en el estante de mis películas.

El huevo, la gallina y el inicio de Nuncajamás

Primera hora de un martes de agosto de 2007. Un post mil veces escrito
en la mente, otras tantas cambiado, borrado, prometido y encarnado en
el espacio de lo que parecía que nunca saldría a la luz. Nadie era
perfecto y parecía que sería aún más imperfecto por no superar la
barrea de lo posible.

Al final no era tan difícil, como tantas otras cosas, sólo era dejar
que la mente se relajara, los dedos siguieran las mecánicas órdenes del
cerebro y dejar fluir los pensamientos. Fluir, verbo complicado de hacer carne. Pues ya está:
da igual si la cusa era el huevo o la gallina. Lo que más alivio me produce es
saber que no ha quedado sepultado en mi Neverland particular.

Ah, y gracias a los que no han dejado de recordarme que necesitaba hacerlo. Es otra que os debo.